Luis Caballero (La imagen persistente)

Luis Caballero (Colombia, 1943-1995) es reconocido como un artista de gran destreza técnica capaz de despertar emociones tanto en el público lego como en el especializado. En pinturas al óleo y dibujos en diversos formatos (carboncillos, sanguinas, lápices, tintas con pluma o pincel), Caballero explora el cuerpo humano de manera táctil y visual. Y en cada imagen convergen, de manera ambivalente, tanto el éxtasis místico y erótico como el dolor de la violencia. Esta convergencia no parece azarosa, pues su experiencia se enmarca en un país profundamente religioso cuya historia está grabada por una violencia endémica, como el mismo Caballero lo señala: "Nací en un país latino, religioso, violento y fanático (…) La Crucifixión, la Pietá, el Descendimiento, el Cuerpo yacente ¿Para qué más? Con esos temas eternos se ha podido expresar siempre la pasión, toda la angustia, todo el drama de la relación entre dos seres humanos". Todo este repertorio de emociones y experiencias, propiamente universales, son trabajados por Caballero mediante el desnudo, que analiza pero al mismo tiempo acaricia: "Una manera sensual y erótica de estudiar la anatomía", como él mismo señala. Ahora bien, la exposición "Caballero: la Imagen Persistente. Colección y Archivo", se aproxima a la obra de Caballero de una manera novedosa, pues no solo expone las obras de Caballero en sus formatos habituales (óleo y dibujo) sino que las pone en comunicación con sus procesos de trabajo presentes en su archivo personal: fotografías, notas, borradores y cartas. Las fotografías del archivo de Caballero, por ejemplo, son una rica fuente de análisis para comprender sus formas de trabajo: el modelo -en el proceso del dibujo-, debe ser modelado; así que la acción de dibujar es, en Caballero, una experiencia fundamentalmente táctil, no sólo por el contacto de la mano con el carboncillo, del carboncillo y de la mano sobre el papel, sino, igualmente, por la anticipación que Caballero instaura en el cuerpo del modelo mediante torsiones, posiciones, amarres, presiones y tensiones ejercidas por el cuerpo del artista ("el placer de modelar un cuerpo como si lo acariciara"). Del mismo modo, en el archivo de Caballero se encuentran otras formas de exploración en las que, en lugar de la dimensión táctil, se le da paso a la pura visualidad. Por un lado, los recortes de prensa de periódicos sensacionalistas en los que se muestran imágenes de muertes violentas. La otra referencia puramente visual, se encuentra en una serie de fotografías en Polaroid tomadas a una pantalla de televisión que transmite películas porno. La fotografía instantánea sobre la imagen televisiva crea efectos visuales que deforman los cuerpos: sombras, subexposición, rayones de luz; una serie de errores fotográficos que velan los cuerpos y sus acciones. Aquí la forma no existe sino por deformación y posibilita que se haga "clara" la ambigüedad. Tanto en la fotografía sensacionalista -que muestra cuerpos violentados-, como en la imagen deformada -en la que el cuerpo es un acontecimiento velado-, Caballero parece encontrar, mediante lo obsceno, posibilidades que lo desatan del imperativo de la pose y la corrección formal.
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